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Excitante y asombrosa India.



Fotografía de Viajes.


Durante un breve espacio de tiempo visité varias zonas de la India y ciertamente se da este binomio de sentimientos opuestos, como el de vida y muerte, también otros de maravilla y miseria, riqueza y pobreza o armonía y caos entre otros. Tú decides dónde apostarte.

Estas son mis impresiones enmarcadas en la fotografía de paisaje, el callejeo, la gente que la habitan y ese misticismo o espiritualidad que inundan todos los rincones de este impresionante subcontinente, tanto al norte del pequeño Tíbet como más al sur en Agra o Varanasi.


En cuanto a la fotografía hay varios aspectos que se deben tener en cuenta. En el norte, cerca del Himalaya (Dharamsala – Mc Leod Ganj) nos encontramos un cielo muy despejado y limpio con luces duras provocando altos contrastes de luces y sombras. Hacia el sur (Delhi, Agra…) desaparecen esos contrastes y tenemos una permanente penumbra y niebla debido a la alta contaminación que hace subir el ISO si no queremos ir tirando del trípode. Esto mismo ocurre en Varanasi, a orillas del Ganges que, a la penumbra, la niebla y la contaminación se le une una tremenda bruma por la humedad que emana del río creando una pátina que elimina en gran medida la nitidez en la captura.



Un consejo fotográfico es estar siempre vigilante con la cámara preparada y lista para disparar, aunque sea sin encuadrar, hay muchos momentos que se esfuman al quedarnos atónitos ante algunas escenas. Es prácticamente imposible fotografiarlo todo.


El material fotográfico que usé en esta ocasión:

  • Cámara OM-System OM5.

  • Objetivo 12-45mm f4 (24-90mm en 35 mm)

  • Objetivo 40-150mm f4 (90-300mm en 35mm)

  • 4 baterías. Aunque una me quitaron en uno de los cientos de controles en aeropuertos y estaciones de tren. Dicen que sólo se puede portar la batería que esté dentro del dispositivo.

  • Varias tarjetas de memoria de 32 y 64 Gb.


Paisajes.


Como comenté al principio, hay que lidiar al medir la exposición entre las altas luces y las sombras que producen altos contrastes. Una buena oportunidad de fotografiar paisajes es desde las ventanillas de los aviones y trenes, aunque te juegan malas pasadas por el estado en que se encuentran con arañazos y suciedad. En los desplazamientos por carreteras en coche se tiene que llevar siempre la cámara dispuesta para disparar, ¡nunca se sabe lo que se puede ver! Es asombroso lo que se puede observar desde un coche, desde el tren o navegando con una pequeña barquita por el Ganges.



El callejeo.


La India debe ser la Meca de los amantes de la fotografía urbana o de calles, cada rincón, cada instante es una escena digna de capturar. Edificios y casas en estado ruinoso mezclados con templos de una maravilla desbordante. Calles repletas de gente de toda clase deambulando arriba y abajo, comercios y restaurantes que eran imposible imaginar que existieran, callejones laberínticos dentro y fuera de los bazares con fachadas enmarañadas de cables y aparatos de aires y extractores. Durante la noche sigue habiendo prácticamente el mismo pulso que durante el día, pero ahora se incrementa con luces de todos los colores y tipos. Este país parece que no duerme. Otra cosa que llama mucho la atención recorriendo las calles a pie es el encontrarse con una variada fauna en estado libre –que no abandonada– comiendo o bebiendo lo que se le ofrece desde los distintos negocios. Así podemos ver fácilmente vacas, monos, perros, cabras… que como cualquier habitante más están paseando por las calles y formando parte del ambiente urbano en cualquier ciudad. Cuidan mucho a los animales porque tienen en cuenta y muy presente la reencarnación de seres queridos y cualquiera de ellos pueden ser reencarnaciones, por esta misma razón alrededor del 40% son vegetarianos, aunque menos del 30% consumen carne con regularidad.


Cuando se camina por calles estrechas, las típicas de los bazares hay que estar muy pendientes de no ser atropellados por algún Rickshaw, Tuctuc, bicicleta, motocicleta o cualquier vehículo que campan por ahí sin orden ni concierto. El tráfico, aunque parece y según dicen está regulado, es un verdadero caos y el simple hecho de cruzar una calle es una aventura por sí misma: taxis a toda pastilla si van vacíos, camiones con tres veces la carga que deben llevar, autobuses con muchísimos años que parece que de un momento a otro se le caerán las oxidadas y maltrechas piezas del chasis.


Pero sin lugar a duda, lo que más me sorprendió y llamó la atención –tanto fue así que no pude hacer la oportuna fotografía–, fue callejeando por Amritsar encontrarme de frente a cuatro hombres que llevaban sobre una especie de camilla a un difunto, aunque creo que sólo me llamó la atención a mí, puesto que absolutamente nadie hizo ademán de ningún tipo, al parecer es lo más normal que puede pasar: que te mueres y te llevan al tostadero.


Los habitantes.


Ante las cosas que veía de esta gente, no paraba de acordarme de parafrasear al gran Obélix y no dejaba de pensar aquello de: “están locos estos indios”.

Son gente muy convencida de lo que el destino les ha marcado vivir, pensando que en otra vida será diferente. Te regalan una sonrisa porque dicen: una sonrisa puede alegrar el día a quien la recibe” y esto te lo dice una persona que ante nuestros ojos occidentales está en la más profunda de las miserias.


Pero algo chocante sucede entre ellos, las diferencias entre castas siguen vigente y muy marcadas, si en el mundo occidental se habla de tres clases sociales allí se podría hablar de siete u ocho ya que incluso en las clases más bajas hay diferencias, como por ejemplo el conductor de Tuctuc pude parecer un emperador comparado con el que trabaja con un Rickshaw o una bicicleta para hacer recados y estos con respecto al que no tiene nada. Es muy complicado, por no decir imposible, detectar estas distintas clases o castas, ya que no sólo es por su ubicación en la sociedad, si no también por sus creencias y poder adquisitivo, es decir, se dividen principalmente en grupos jerárquicos basados en el trabajo (Karma) y en su deber religioso (Dharma), estas castas a su vez se dividen en unas 3000 castas y 25000 subcastas, basadas cada una en ocupaciones específicas. Fuera de este sistema hindú de castas están los Dalits o “intocables” que forman casi el 20% de la población india.


Para el cazador fotográfico de personas se hace muy fácil capturar sujetos, pero hay tener siempre respeto hacia ellos, siempre preguntar y pedir permiso para fotografiarlo, en casi todos los casos consienten sin ningún impedimento o quizás te pidan que te fotografíes con ellos, algo que les hace mucha ilusión, somos cazadores cazados. Sólo en una ocasión un monje hindú me pidió unas monedas, aunque creo que no era más que una persona vestida para la ocasión y ganarse unos dineros de los turistas. A este le di algo de dinero, pero no lo fotografié, no sé bien por qué, pero no quise.

Justo lo contrario me ocurrió con otro monje, se me acercó y pidió algo de comida, le dije que no tenía nada encima y le ofrecí dinero, me contestó que no necesitaba el dinero para nada y lo rechazó, sólo me pidió un cigarro. Le pregunté si podía hacerle una foto y me contestó que todas las que quisiera. A este si lo fotografié.



Independientemente de las castas, los habitantes de la india ya sean locales o turistas de otras ciudades es de lo más variopinta, bien merece la pena localizar una terraza u otro lugar que ofrezca la visión de la gente en la calle, permanecer atentos y observar la cantidad de cosas que hace la gente, se convierte el espacio en un enorme escenario donde suceden las más variadas y raras actuaciones. Para mi lo más doloroso o, mejor dicho, lo que me provocaba más sentimiento de pena y tristeza era ver como los padres envían a sus hijos a pedir dinero a los turistas en los semáforos o pordiosear en las basuras, esto como poco, porque aún hay zonas en las que las niñas son vendidas y…

Respecto a los niños, que son el 27% de la población total, o sea, casi 350 millones de personitas, quiero desde aquí agradecer la compañía de Rumpa durante la visita a la asociación Semilla para el Cambio ubicada en Varanasi. Este centro fundado por María, una gallega afincada en esta ciudad que se dedica a la educación y formación de niños, consiguiendo impartir valores y al menos ofrecerles una comida al día, bueno eso si consiguen convencer a los padres para que accedan a llevar a sus hijos y “pierdan dinero” si no están en la calle. Poco a poco esta asociación va viendo sus frutos –de ahí el nombre de Semilla para el Cambio– y han visto como tres de aquellos pequeños chavales están ahora en la Universidad y que muchas madres colaboran haciendo trabajos manuales y complementos que a su vez comercian desde la web y así poder ir subsistiendo.


 

 Echa un vistazo a su web (https://www.semillaparaelcambio.org/) y mira lo que hacen y están llegando a conseguir. Y si puedes, difunde y colabora.

 

Religiosidad, misticismo…


Es lo que se vive en cualquier parte de la India, ya sea por el islam, el budismo o el hinduismo entre otras, que todo está bañado por un ambiente de religiosidad cargado de misticismo. Monjes budistas repitiendo incansablemente mantras acompañados de molinillos y tambores. Monjes hinduistas en profunda meditación con el objetivo último de alcanzar la liberación y la unión con lo divino. Oraciones colectivas llamadas Pujas, realizadas a diario ante cientos de personas en la orilla del Ganges como forma de expresar gratitud, conexión y devoción hacia lo divino.


Para terminar este relato he dejado para el final la visión de la muerte, mezclando en el acto fotográfico el paisaje, lo urbano, el paisanaje y el misticismo que comentaba. Así es, creo que la Parca se pasea a su gusto por los Ghats de Varanasi, donde aprovecha para entrar en calor en las piras de las cremaciones. Aparte de este oscuro humor, es lo que me ha reconfortado más del viaje a la India: el concepto que tienen de la muerte. No se ponen tristes ni le dan la penosa importancia que se le da en occidente, ellos lo consideran que es una parte más de la vida, un siguiente paso que los lleva de vuelta al origen, a la fuente. Por lo tanto, piensan que es algo bueno y sagrado, no quiere decir que sea el fin de nada, sino una continuidad. Además, como nos dijo Omgi: “¡es más bello y reconfortante pensar así!”




 Y ahora si quieres puedes ver una proyección de algunas de las miles de fotografía que me traje.




  

Pasamos por delante de sus vidas sintiéndonos agradecidos por nuestro destino y con una lección de humildad bien aprendida.

 

Como siempre, si quieres saber más de esto







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