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¿Hacia un paisaje póstumo?

Sí, un título triste pero que se avecina así literalmente.


Hace unos días leí en el diario El País un artículo (Alcaldes andaluces se rebelan ante la avalancha de 1.200 parques de energías renovables) sobre huertos solares y parques eólicos en Andalucía. Mi tierra. Y no puedo evitar recordar imágenes de campos de cultivos y cresteríos de montañas dibujando una limpia línea del horizonte separando el cielo y la tierra.


Una vez más me siento afortunado de haber nacido hace más de cinco décadas y poder guardar en mi memoria -que ya empieza a fallar- y en mis fotografías -esto por lo pronto no falla- paisajes limpios, despejados y poco antropizados, uno tiraba la vista a lo lejos desde las cumbres y se extendía ante si un territorio sin elementos reflectantes de placas solares y fustes de aerogeneradores. ¡Ay! Y en los paisajes nocturnos -de noche también existe el paisaje- no existían como hoy esos centenares de puntitos rojos en el oscuro horizonte.




No quiero ser pesimista, me niego, pero sí preocupado en pensar cómo, cuánto y de que manera se transformará nuestro entorno y qué cosas se tendrán en cuenta a la hora de elegir la ubicación de los huertos solares y parques eólicos. Tengo el presentimiento de que aquello de: "el paisaje hace al pueblo y a sus habitantes" no importará un carajo, y parafraseando a Emily Thomas*: "... nos encontramos ante un paisaje de última oportunidad".


Sierras Huma y Llana. Antes de instalar decenas de aerogeneradores.



Abandono de la vida agrícola y rural.

¿Solución? A gusto de todos, no tengo ni idea. Solamente soy un observador del entorno que me rodea y mis conclusiones al respecto pueden ser tan utópicas que temo parecer extraterrestre: autosuficiencia energética, comercio local, menos monocultivo intensivo, economía colaborativa,... Conozco en mi rinconcito de la Tierra (Serranía de Ronda) un lugar en el que cierta empresa paga un buen puñado de euros a título de alquiler de terreno para instalar "molinos", con el resultado que al propietario le sale más rentable permitir la instalación de dos o tres artefactos de estos para vivir de estas rentas que trabajar en el campo, con más motivo en la actualidad por la situación que atraviesan los productores.


A este respecto es normal que alcaldes de municipios (Yunquera, Guadahortuna,...) pongan el grito en el cielo ante la perspectiva de ver su paisaje -su identidad territorial- amenazada por la instalación de estas infraestructuras de la que habla el artículo mencionado. Pero, ¿Qué pasaría si a cambio de "encasquetar" estas instalaciones se les regala la energía a sus ciudadanos? ¿Y si se les regala el oído (elecciones a la vista) con la creación de decenas de puestos de trabajo? ¿Y si se les promete el oro y el moro? Entonces, ¿Cuál sería la postura acertada? Difícil decisión.


Algunos lugares de nuestra geografía que espero no sean jamás una serie de

paisajes póstumos ni de última oportunidad.


* Emily Thomas, autora del libro El viaje y su sentido, atribuye lo de última oportunidad al turismo, en el sentido de visitar lugares susceptibles de una gran transformación.


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